domingo, mayo 20, 2018

Madre de la Iglesia.


http://opusdei.org/es-es/article/maria-madre-de-la-iglesia-mater-ecclesiae-memoria/

Santa María, Madre de la Iglesia

El lunes después de Pentecostés la Iglesia celebra la Memoria de "María, Madre de la Iglesia". Ofrecemos algunos textos para considerar esa fiesta litúrgica.
DE LA IGLESIA Y DEL PAPA
Opus Dei - Santa María, Madre de la IglesiaIcono de María Madre de la Iglesia ("Mater Ecclesiae"), en la plaza de san Pedro (Roma).

Uno de los elementos arquitectónicos más recientes en la plaza de San Pedro es el mosaico dedicado a María "Mater Ecclesiae" junto con el texto Totus Tuus, una muestra más del cariño a la Virgen de san Juan Pablo II.

Texto del Papa Francisco
Me gustaría mirar a María como imagen y modelo de la Iglesia. Y lo hago recuperando una expresión del Concilio Vaticano II. Dice la constitución Lumen gentium: “Como enseñaba san Ambrosio, la Madre de Dios es una figura de la Iglesia en el orden de la fe, la caridad y de la perfecta unión con Cristo” (n. 63).
MARÍA VIVIÓ LA FE EN LA SENCILLEZ DE LAS MILES DE OCUPACIONES Y PREOCUPACIONES COTIDIANAS DE CADA MADRE
Partamos desde el primer aspecto, María como modelo de fe. ¿En qué sentido María es un modelo para la fe de la Iglesia? Pensemos en quién fue la Virgen María: una joven judía, que esperaba con todo el corazón la redención de su pueblo. Pero en aquel corazón de joven hija de Israel, había un secreto que ella misma aún no lo sabía: en el designio del amor de Dios estaba destinada a convertirse en la Madre del Redentor. En la Anunciación, el mensajero de Dios la llama “llena de gracia” y le revela este proyecto. María responde “sí”, y desde ese momento la fe de María recibe una nueva luz: se concentra en Jesús, el Hijo de Dios que se hizo carne en ella y en quien que se cumplen las promesas de toda la historia de la salvación. La fe de María es el cumplimiento de la fe de Israel, en ella realmente está reunido todo el camino, la vía de aquel pueblo que esperaba la redención, y en este sentido es el modelo de la fe de la Iglesia, que tiene como centro a Cristo, la encarnación del amor infinito de Dios.
¿Cómo ha vivido María esta fe? La vivió en la sencillez de las miles de ocupaciones y preocupaciones cotidianas de cada madre, en cómo ofrecer los alimentos, la ropa, la atención en el hogar… Esta misma existencia normal de la Virgen fue el terreno donde se desarrolla una relación singular y un diálogo profundo entre ella y Dios, entre ella y su hijo. El “sí” de María, ya perfecto al principio, creció hasta la hora de la Cruz. Allí, su maternidad se ha extendido abrazando a cada uno de nosotros, nuestra vida, para guiarnos a su Hijo. María siempre ha vivido inmersa en el misterio del Dios hecho hombre, como su primera y perfecta discípula, meditando cada cosa en su corazón a la luz del Espíritu Santo, para entender y poner en práctica toda la voluntad de Dios.
Podemos hacernos una pregunta: ¿nos dejamos iluminar por la fe de María, que es Madre nuestra? ¿O la creemos lejana, muy diferente a nosotros? En tiempos de dificultad, de prueba, de oscuridad, la vemos a ella como un modelo de confianza en Dios, que quiere siempre y solamente nuestro bien? Pensemos en ello, ¡tal vez nos hará bien reencontrar a María como modelo y figura de la Iglesia por esta fe que ella tenía!
Llegamos al segundo aspecto: María, modelo de caridad. ¿De qué modo María es para la Iglesia ejemplo viviente del amor? Pensemos en su disponibilidad hacia su prima Isabel. Visitándola, la Virgen María no solo le llevó ayuda material, también eso, pero le llevó a Jesús, quien ya vivía en su vientre. Llevar a Jesús en dicha casa significaba llevar la alegría, la alegría plena. Isabel y Zacarías estaban contentos por el embarazo que parecía imposible a su edad, pero es la joven María la que les lleva el gozo pleno, aquel que viene de Jesús y del Espíritu Santo, y que se expresa en la caridad gratuita, en el compartir, en el ayudarse, en el comprenderse.
Nuestra Señora quiere traernos a todos el gran regalo que es Jesús; y con Él nos trae su amor, su paz, su alegría. Así, la Iglesia es como María, la Iglesia no es un negocio, no es un organismo humanitario, la Iglesia no es una ONG, la Iglesia tiene que llevar a todos hacia Cristo y su evangelio; no se ofrece a sí misma –así sea pequeña, grande, fuerte o débil- la Iglesia lleva a Jesús y debe ser como María cuando fue a visitar a Isabel. ¿Qué llevaba María? A Jesús. La Iglesia lleva a Jesús: ¡este el centro de la Iglesia, llevar a Jesús! Si hipotéticamente, alguna vez sucediera que la Iglesia no lleva a Jesús, ¡esta sería una Iglesia muerta! La Iglesia debe llevar la caridad de Jesús, el amor de Jesús, la caridad de Jesús.
Hemos hablado de María, de Jesús. ¿Qué pasa con nosotros? ¿Con nosotros que somos la Iglesia? ¿Cuál es el amor que llevamos a los demás? Es el amor de Jesús que comparte, que perdona, que acompaña, ¿o es un amor aguado, como se alarga al vino que parece agua? ¿Es un amor fuerte, o débil, al punto que busca las simpatías, que quiere una contrapartida, un amor interesado?
MARÍA REZABA, TRABAJABA, IBA A LA SINAGOGA… PERO CADA ACCIÓN SE REALIZABA SIEMPRE EN PERFECTA UNIÓN CON JESÚS
Otra pregunta: ¿a Jesús le gusta el amor interesado? No, no le gusta, porque el amor debe ser gratuito, como el suyo. ¿Cómo son las relaciones en nuestras parroquias, en nuestras comunidades? ¿Nos tratamos unos a otros como hermanos y hermanas? ¿O nos juzgamos, hablamos mal de los demás, cuidamos cada uno nuestro “patio trasero”? O nos cuidamos unos a otros? ¡Estas son preguntas de la caridad!
Y un último punto brevemente: María, modelo de unión con Cristo. La vida de la Virgen fue la vida de una mujer de su pueblo: María rezaba, trabajaba, iba a la sinagoga… Pero cada acción se realizaba siempre en perfecta unión con Jesús. Esta unión alcanza su culmen en el Calvario: aquí María se une al Hijo en el martirio del corazón y en la ofrenda de la vida al Padre para la salvación de la humanidad. Nuestra Madre ha abrazado el dolor del Hijo y ha aceptado con Él la voluntad del Padre, en aquella obediencia que da fruto, que trae la verdadera victoria sobre el mal y sobre la muerte.
Es hermosa esta realidad que María nos enseña: estar siempre unidos a Jesús. Podemos preguntarnos: ¿Nos acordamos de Jesús sólo cuando algo está mal y tenemos una necesidad? ¿O tenemos una relación constante, una profunda amistad, incluso cuando se trata de seguirlo en el camino de la cruz?
Pidamos al Señor que nos dé su gracia, su fuerza, para que en nuestra vida y en la vida de cada comunidad eclesial se refleje el modelo de María, Madre de la Iglesia (Audiencia, 23 octubre 2013).

Textos de san Josemaría
- Hace falta que meditemos con frecuencia, para que no se vaya de la cabeza, que la Iglesia es un misterio grande, profundo. No puede ser nunca abarcado en esta tierra. Si la razón intentara explicarlo por sí sola, vería únicamente la reunión de gentes que cumplen ciertos preceptos, que piensan de forma parecida. Pero eso no sería la Santa Iglesia.
En la Santa Iglesia los católicos encontramos nuestra fe, nuestras normas de conducta, nuestra oración, el sentido de la fraternidad, la comunión con todos los hermanos que ya desaparecieron y que se purifican en el Purgatorio —Iglesia purgante—, o con los que gozan ya —Iglesia triunfante— de la visión beatífica, amando eternamente al Dios tres veces Santo. Es la Iglesia que permanece aquí y, al mismo tiempo, trasciende la historia. La Iglesia, que nació bajo el manto de Santa María, y continúa —en la tierra y en el cielo— alabándola como Madre (‘El fin sobrenatural de la Iglesia’, en Amar a la Iglesia. 28-V-1972).
DIOS NOS LA ENTREGA COMO MADRE DE TODOS LOS REGENERADOS EN EL BAUTISMO, Y CONVERTIDOS EN MIEMBROS DE CRISTO: MADRE DE LA IGLESIA ENTERA
Viendo Jesús a María y al discípulo amado, que estaba allí, se dirige a su Madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Después habla con el discípulo: ahí tienes a tu Madre. Desde aquel momento la recibió el discípulo por suya. Y nosotros por nuestra. Dios nos la entrega como Madre de todos los regenerados en el Bautismo, y convertidos en miembros de Cristo: Madre de la Iglesia entera. Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y miembros unidos a otros miembros, escribe San Pablo. La que es Madre del Cuerpo es Madre de todos los que se incorporan a Cristo, desde el primer brote de la vida sobrenatural, que se inicia en el Bautismo y se robustece con el crecimiento de los dones del Espíritu Santo (Artículo titulado ‘La Virgen del Pilar’. Publicado en Libro de Aragón, por la CAMP de Zaragoza, Aragón y Rioja, 1976). También se recoge en Por las sendas de la fe (ed. J. A. Loarte) ed Cristiandad.
- Seguramente también vosotros, al ver en estos días a tantos cristianos que expresan de mil formas diversas su cariño a la Virgen Santa María, os sentís más dentro de la Iglesia, más hermanos de todos esos hermanos vuestros. Es como una reunión de familia, cuando los hijos mayores, que la vida ha separado, vuelven a encontrarse junto a su Madre, con ocasión de alguna fiesta. Y, si alguna vez han discutido entre sí y se han tratado mal, aquel día no; aquel día se sienten unidos, se reconocen todos en el afecto común (Es Cristo que pasa, 139, 3).
- Alzo en este momento mi corazón a Dios y pido, por mediación de la Virgen Santísima -que está en la Iglesia, pero sobre la Iglesia: entre Cristo y la Iglesia, para proteger, para reinar, para ser Madre de los hombres, como lo es de Jesús Señor Nuestro-; pido que nos conceda esa prudencia a todos, y especialmente a los que, metidos en el torrente circulatorio de la sociedad, deseamos trabajar por Dios: verdaderamente nos conviene aprender a ser prudentes (Amigos de Dios, 155, 2).
- Me gusta volver con la imaginación a aquellos años en los que Jesús permaneció junto a su Madre, que abarcan casi toda la vida de Nuestro Señor en este mundo. Verle pequeño, cuando María lo cuida y lo besa y lo entretiene. Verle crecer, ante los ojos enamorados de su Madre y de José, su padre en la tierra. Con cuánta ternura y con cuánta delicadeza María y el Santo Patriarca se preocuparían de Jesús durante su infancia y, en silencio, aprenderían mucho y constantemente de Él. Sus almas se irían haciendo al alma de aquel Hijo, Hombre y Dios. Por eso la Madre —y, después de Ella, José— conoce como nadie los sentimientos del Corazón de Cristo, y los dos son el camino mejor, afirmaría que el único, para llegar al Salvador.
Que en cada uno de vosotros, escribía San Ambrosio, esté el alma de María, para alabar al Señor; que en cada uno esté el espíritu de María, para gozarse en Dios. Y este Padre de la iglesia añade unas consideraciones que a primera vista resultan atrevidas, pero que tienen un sentido espiritual claro para la vida del cristiano. Según la carne, una sola es la Madre de Cristo; según la fe, Cristo es fruto de todos nosotros[1].
Si nos identificamos con María, si imitamos sus virtudes, podremos lograr que Cristo nazca, por la gracia, en el alma de muchos que se identificarán con El por la acción del Espíritu Santo. Si imitamos a María, de alguna manera participaremos en su maternidad espiritual. En silencio, como Nuestra Señora; sin que se note, casi sin palabras, con el testimonio íntegro y coherente de una conducta cristiana, con la generosidad de repetir sin cesar un fiat que se renueva como algo íntimo entre nosotros y Dios.
Su mucho amor a Nuestra Señora y su falta de cultura teológica llevó, a un buen cristiano, a hacerme conocer cierta anécdota que voy a narraros, porque —con toda su ingenuidad— es lógica en persona de pocas letras.
Tómelo —me decía— como un desahogo: comprenda mi tristeza ante algunas cosas que suceden en estos tiempos. Durante la preparación y el desarrollo del actual Concilio, se ha propuesto incluir el tema de la Virgen. Así: el tema. ¿Hablan de ese modo los hijos? ¿Es ésa la fe que han profesado siempre los fieles? ¿Desde cuándo el amor a la Virgen es un tema, sobre el que se admita entablar una disputa a propósito de su conveniencia?
LA MADRE DE DIOS Y, POR ESO, MADRE DE TODOS LOS CRISTIANOS, ¿NO SERÁ MADRE DE LA IGLESIA, QUE ES LA REUNIÓN DE LOS QUE HAN SIDO BAUTIZADOS Y HAN RENACIDO EN CRISTO?
Si algo está reñido con el amor, es la cicatería. No me importa ser muy claro; si no lo fuera —continuaba— me parecería una ofensa a Nuestra Madre Santa. Se ha discutido si era o no oportuno llamar a María Madre de la Iglesia. Me molesta descender a más detalles. Pero la Madre de Dios y, por eso, Madre de todos los cristianos, ¿no será Madre de la Iglesia, que es la reunión de los que han sido bautizados y han renacido en Cristo, hijo de María?
No me explico —seguía— de dónde nace la mezquindad de escatimar ese título en alabanza de Nuestra Señora. ¡Qué diferente es la fe de la Iglesia! El tema de la Virgen. ¿Pretenden los hijos plantear el tema del amor a su madre? La quieren y basta. La querrán mucho, si son buenos hijos. Del tema —o del esquema— hablan los extraños, los que estudian el caso con la frialdad del enunciado de un problema. Hasta aquí el desahogo recto y piadoso, pero injusto, de aquella alma simple y devotísima.
Sigamos nosotros ahora considerando este misterio de la Maternidad divina de María, en una oración callada, afirmando desde el fondo del alma: Virgen, Madre de Dios: Aquel a quien los Cielos no pueden contener, se ha encerrado en tu seno para tomar la carne de hombre[2].
Mirad lo que nos hace recitar hoy la liturgia: bienaventuradas sean las entrañas de la Virgen María, que acogieron al Hijo del Padre eterno[3]. Una exclamación vieja y nueva, humana y divina. Es decir al Señor, como se usa en algunos sitios para ensalzar a una persona: ¡bendita sea la madre que te trajo al mundo! (Amigos de Dios, nn. 281-283).

jueves, mayo 17, 2018

Del Espíritu Santo.




Himno al Espíritu Santo
Ven, Espíritu Divino,
Manda tu luz desde el Cielo.
Padre amoroso del pobre,
don, en tus dones espléndido;
luz que iluminas las almas;
fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma,
descanso en nuestros esfuerzos,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.
Llega hasta el fondo del alma
Divina Luz y enriquécenos.
Mira el vació del alma
Si Tu le faltas por dentro.
Mira el poder del pecado
cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía,
sana el corazon enfermo,                                           
lava las manchas,
infunde calor de vida en el hielo.
Doma al espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero,
reparte tus siete dones
según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su éxito.
Salva al que buscar salvarse
y danos tu gozo eterno.
Amen.


Secuencia al Espíritu Santo
Ven, Espíritu Creador
y envía desde el Cielo
un rayo de tu luz.
Ven, Padre de los pobres,
ven a darnos tus dones,
ven a darnos tu luz.
Consolador lleno de bondad,
dulce huésped del alma,
suave alivio para el hombre.
Descanso en el trabajo,
templanza de las pasiones,
alegría en nuestro llanto.
Penetra con tu santa luz
en lo intimo de los corazones de
tus fieles.
Sin tu ayuda divina
no hay nada en el hombre,
nada que sea inocente.
Lava nuestras manchas,
riega nuestra aridez,
cura nuestras heridas,
suaviza nuestra dureza,
enciende nuestra v frialdad,
corrige nuestros desvíos.
Concede a tus fieles que en Ti
confían
tus siete sagrados dones.
Premia nuestra virtud,
salva nuestras almas,
danos la eterna alegría.
Amén. Aleluya

martes, mayo 15, 2018

Javier Cercas y la pesadilla catalana.



https://elpais.com/elpais/2018/05/14/opinion/1526318502_232076.html

Resultado de imagen de cataluña








Basta ya, fascistas xenófobos!!!!!!!!!!


Hasta aquí, el asco y la vergüenza; ahora viene el miedo. Porque el señor Torra ha prometido en el Parlamento catalán hacer exactamente lo mismo que, en nombre de la democracia y sin el más mínimo respeto por la democracia, hizo su antecesor en la presidencia de la Generalitat, lo mismo que en otoño pasado llevó a Cataluña, tras el golpe desencadenado el 6 y 7 de septiembre, a vivir dos meses de locos durante los cuales el país se partió por la mitad y quedó al borde del enfrentamiento civil y la ruina económica (una ruina que algunos economistas consideran en voz baja difícil de evitar: una muerte lenta). Por supuesto, este xenófobo entusiasta de un partido fascista o parafascista y violento se halla en condiciones de cumplir su ominosa promesa, porque a partir de su toma de posesión tendrá en sus manos un cuerpo armado compuesto por 17.000 hombres, unos medios de comunicación potentísimos, un presupuesto de miles de millones de euros y todos los medios ingentes que la democracia española cedió al Gobierno autónomo catalán, además de cosas como la educación de decenas de miles de niños. Dicho lo anterior, sólo puedo añadir que me sentiría mucho más tranquilo si el presidente de la Generalitat fuera un paciente escapado del manicomio de Sant Boi con una sierra eléctrica en las manos.
A veces la historia no se repite como comedia, según creía Marx, sino como pesadilla; es lo que está ocurriendo ahora mismo en Cataluña. El señor Torra lleva razón en una cosa: de un tiempo a esta parte, todo el nacionalismo catalán y dos millones de catalanes parecen haber abrazado las ideas que en los años treinta defendían Estat Català y Nosaltres Sols!; la mayoría de los separatistas no lo saben, claro está, pero eso explica que nuestro nuevo presidente sea el señor Torra. O dicho de otro modo: ayer tomaron el poder en Cataluña aquellos a quienes la mayor parte del nacionalismo catalán, desde los años treinta hasta hace muy poco, consideraba extremistas peligrosos, cuando no directamente descerebrados. En estas circunstancias, no sé si merece ya la pena pedir ayuda a un Gobierno español que ni siquiera ha sido capaz de explicar a la opinión pública europea qué es lo que está pasando en Cataluña; se la pido al Estado democrático, a los europeos, a los españoles y a los catalanes de buena fe —incluidos los separatistas catalanes de buena fe—: hay que parar esta pesadilla.
Javier Cercas es escritor.

sábado, mayo 12, 2018

Y mi libertad? Homilía del prelado en la memoria del Beato Alvaro.



http://opusdei.org/es-es/document/homilia-prelado-opus-dei-alvaro-del-portillo/

«¿Qué sería de mi libertad si se la entrego a Dios, y por Él, a los demás?»

Reproducimos la homilía que Mons. Fernando Ocáriz ha pronunciado en la memoria litúrgica del beato Álvaro. La celebración eucarística ha tenido lugar en la basílica de san Eugenio (Roma).
HOMILÍAS
Opus Dei - «¿Qué sería de mi libertad si se la entrego a Dios, y por Él, a los demás?»
Homilía en la memoria litúrgica del beato Álvaro
12 de mayo 2018
(1ªL: Ez 34,11-16; Sal 22; Ev: Jn 10,11-16)
Este es el siervo fiel y prudente, a quien el Señor ha puesto al frente de su casa (cfr. Lc 12,42). Estas palabras del canto de entrada nos introducen con sentimientos de alegría y piedad en esta celebración.
Sí, el beato Álvaro fue un siervo fiel que gastó su vida en ser apoyo y luego sucesor de san Josemaría al frente del Opus Dei. Él fue un hijo leal de la Iglesia. Como escribía el Papa Francisco con ocasión de la beatificación de don Álvaro: “Especialmente destacado era su amor a la Iglesia, esposa de Cristo, a la que sirvió con un corazón despojado de interés mundano, lejos de la discordia, acogedor con todos y buscando siempre lo positivo en los demás, lo que une, lo que construye. Nunca una queja o crítica, ni siquiera en momentos especialmente difíciles, sino que, como había aprendido de san Josemaría, respondía siempre con la oración, el perdón, la comprensión, la caridad sincera”[1]. Nos podemos preguntar ahora, ¿es esta mi actitud habitual en mi vida diaria, ante las dificultades o los problemas?
Hombre fiel y prudente, así era el beato Álvaro. Por eso acudo ahora a su intercesión para que el Señor nos haga a todos fieles y prudentes. Pidámosle la virtud de la prudencia para ser, en todo momento, fieles al Evangelio ante las circunstancias cambiantes de tiempo y de lugares. Una fidelidad con la que no seguimos a una idea, sino a una Persona: a Cristo Jesús, Señor nuestro, que da un siempre nuevo horizonte a la vida de cada una y de cada uno.
La liturgia de la Palabra de esta celebración nos presenta la figura del Buen Pastor. En la primera lectura, Dios habla a través del profeta Ezequiel: "Como un pastor vela por su rebaño, así velaré yo por mis ovejas. Las reuniré de todos los lugares donde se habían dispersado en día de nubes y brumas" (Ez 34,12). Luego, en el Evangelio de san Juan, la figura del pastor se concreta: “Yo soy el buen pastor [...] y doy mi vida por las ovejas” (Jn 10,14-15).
En efecto, Él, Jesús, es verdaderamente quien da la vida por sus ovejas, quien va tras la oveja descarriada y quien la conduce hacia fuentes tranquilas, como reza el salmo responsorial (cfr. Sal 22). Amar a los hombres que le han sido confiados, tal como los ama Cristo, es una de las características fundamentales de un buen pastor. Así vivió a lo largo de su existencia el beato Álvaro: con su actitud acogedora, comprensiva y llena de paz. Porque “quien está muy metido en Dios sabe estar muy cerca de los hombres. La primera condición para anunciarles a Cristo es amarlos, porque Cristo ya los ama antes. Hay que salir de nuestros egoísmos y comodidades e ir al encuentro de nuestros hermanos”[2].
NOS PODEMOS PREGUNTAR: ¿QUÉ SERÍA DE MI LIBERTAD SI SE LA ENTREGO A DIOS, Y POR ÉL, A LOS DEMÁS?
Nos podemos preguntar: ¿Por qué salir de nuestros egoísmos y comodidades? ¿Acaso no es algo que choca con los estándares actuales de felicidad? ¿Qué sería de mi libertad si se la entrego a Dios, y por Él, a los demás? O incluso, en términos de utilidad, algo muy propio de nuestra sociedad moderna: ¿qué gano si me decido a olvidarme de mí mismo, a entregarme a los demás? Estas preguntas nos hablan de una cuestión fundamental: solo acogiendo el don de Dios, se encuentra la verdadera felicidad.
La felicidad se expresa en la alegría; y la alegría cristiana -en palabras de san Josemaría- tiene "raíces en forma de Cruz"[3]; es alegría "en el Señor" (cfr. Flp 4,4): la que Jesús nos ha ganado en la Cruz. Esta alegría es capaz no sólo de permanecer, sino de crecer, ante las dificultades y sufrimientos, por la fuerza de la fe, de la esperanza y del amor. Así lo hemos podido ver en la vida del beato Álvaro, buen pastor de sus hijas y de sus hijos.
Acudamos en este mes de mayo a Santa María, Virgo fidelisVirgo prudentissima, para que nos ayude a crecer en la prudente fidelidad de saber y querer dar, día a día, la vida por los demás, con alegría.
Así sea.

miércoles, mayo 09, 2018

Valgo.










"De tanto perder, aprendí a ganar; de tanto llorar, se me dibujó la sonrisa que tengo. Conozco tanto el piso que sólo miro el cielo. Toqué tantas veces fondo que, cada vez que bajo, ya sé que mañana subiré. Me asombro tanto cómo es el ser humano, que aprendí a ser yo mismo. Tuve que sentir la soledad para aprender a estar conmigo mismo y saber que soy buena compañía. Intenté ayudar tantas veces a los demás, que aprendí a esperar que me pidieran ayuda. Traté siempre que todo fuese perfecto y comprendí que realmente todo es tan imperfecto, como debe ser (incluyéndome). Hago sólo lo que debo, de la mejor forma que puedo, y los demás que hagan lo que quieran. Vi tantos perros correr sin sentido, que aprendí a ser tortuga y apreciar el recorrido. Aprendí que en esta vida nada es seguro, sólo la muerte… por eso disfruto el momento y lo que tengo. Aprendí que nadie me pertenece, y aprendí que estarán conmigo el tiempo que quieran y deban estar, y quien realmente está interesado en mí me lo hará saber a cada momento y contra lo que sea. Que la verdadera amistad sí existe, pero no es fácil encontrarla. Que quien te ama te lo demostrará siempre sin necesidad de que se lo pidas. Que ser fiel no es una obligación, sino un verdadero placer cuando el amor es el dueño de ti. Eso es vivir…La vida es bella con su ir y venir, con sus sabores y sinsabores… Aprendí a vivir y disfrutar cada detalle, aprendí de los errores pero no vivo pensando en ellos, pues siempre suelen ser un recuerdo amargo que te impide seguir adelante, pues, hay errores irremediables. Las heridas fuertes nunca se borran de tu corazón pero siempre hay alguien realmente dispuesto a sanarlas, con la ayuda de Dios. Camina de la mano de Dios, todo mejora siempre. Y no te esfuerces demasiado, que las mejores cosas de la vida suceden cuando menos te las esperas. No las busques, ellas te buscan. Lo mejor está por venir.”

Jorge Luís Borges

sábado, mayo 05, 2018

31 nuevos sacerdotes del Opus Dei.

http://opusdei.org/es-es/article/ordenaciones-sacerdotales-opus-dei-mayo-2018/

Al que pase una oración por ellos...



31 nuevos sacerdotes de 15 países

El cardenal Robert Sarah ha ordenado esta mañana a 31 sacerdotes de la prelatura del Opus Dei en la basílica romana de San Eugenio. "Pidamos al Señor que mande muchos sacerdotes santos", ha dicho.
ÚLTIMAS NOTICIAS
Opus Dei - 31 nuevos sacerdotes de 15 paísesUn momento de la ceremonia de ordenación de 31 sacerdotes del Opus Dei.
Los nuevos sacerdotes proceden de 15 países: Argentina, Brasil, Colombia, Costa de Marfil, Eslovaquia, España, Filipinas, Francia, Holanda, Italia, Kenia, Nigeria, Uganda, Uruguay y Venezuela. El prelado del Opus Dei, monseñor Fernando Ocáriz, participó en la ceremonia desde el presbiterio.
Galería de fotos
“¿Qué es exactamente un sacerdote?”, se preguntó durante la homilía el cardenal Sarah, prefecto de la Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos.
«LA BIBLIA PRESENTA AL SACERDOTE COMO EL HOMBRE DE LA PALABRA DE DIOS»
“La Biblia presenta al sacerdote como el hombre de la Palabra de Dios”, explicó. “El hombre contemporáneo se dirige al sacerdote buscando a Cristo. Sobre las cuestiones económicas, sociales o políticas puede consultar a tantas otras personas competentes en la materia”. El sacerdote es predicador de la verdad de Cristo: “Habla con caridad y, al mismo tiempo, con verdadera libertad”.
En la Sagrada Escritura, “el sacerdote es también presentado como el hombre del perdón”. “Como el santo Cura de Ars o el Padre Pío, el sacerdote es el apóstol del confesionario tal y como recordaba hace pocos días el papa Francisco”, dijo.
El cardenal Sarah se refirió al sacerdote como “amigo de Cristo”. Un amigo al que se reconoce de modo especial en la Eucaristía, pues “no existe Eucaristía sin sacerdocio, al igual que no existe sacerdocio sin Eucaristía”. Por eso —añadió— “cada día, necesitamos de la Eucaristía para vivir nuestro sacerdocio y para ser audaces mensajeros del evangelio en medio de los sufrimientos, las dificultades y las hostilidades que nos puedan asediar”.
El cardenal Sarah invitó a los nuevos sacerdotes a buscar la santidad y ser hombres “de profunda vida interior”. Citando a san Josemaría explicó que “el sendero, que conduce a la santidad, es sendero de oración; y la oración debe prender poco a poco en el alma, como la pequeña semilla que se convertirá más tarde en árbol frondoso” (Amigos de Dios, n. 295).
«SED SIEMPRE MUY LEALES AL ROMANO PONTÍFICE, A LOS OBISPOS, SUCESORES DE LOS APÓSTOLES, Y A VUESTRO PRELADO»
El sacerdocio es servicio a la Iglesia y a todas las almas. “Como habéis aprendido de san Josemaría y de todos sus sucesores, sed siempre muy leales al Romano Pontífice, a los obispos, sucesores de los apóstoles, y a vuestro prelado; quered a los sacerdotes de cada diócesis; rogad con constancia al Señor que envíe muchos operarios a toda su mies, que mande muchos sacerdotes santos, constituidos como custodios para apacentar la Iglesia de Dios, que él adquirió con su sangre (Hch 20, 28)”.
El obispo consagrante felicitó a los padres y hermanos de los nuevos sacerdotes: “Desde hoy tendréis a alguien de vuestra sangre que intercederá especialmente por vosotros ante el Señor. Al mismo tiempo, todos hemos de rezar por ellos más que antes, pues es grande la responsabilidad que han asumido”.
Al concluir la ceremonia, el cardenal regaló a cada uno de los nuevos sacerdotes un rosario y un pequeño icono de la Virgen de la Ternura. “Os la entrego ­—les dijo— para que podáis uniros más estrechamente a María Santísima y para pediros que también recéis por mí”. La homilía del cardenal Sarah está ya disponible en esta página web.

«Dios ha sido muy bueno conmigo»
Uno de los nuevos sacerdotes es el argentino Agustín Silberberg, nacido en Córdoba hace 44 años. Hijo de médicos y él mismo doctor en medicina, trabajó como especialista en medicina interna en varios hospitales hasta que decidió estudiar teología. Durante 10 años jugó de manera regular en torneos de rugby. “Dios ha sido muy bueno conmigo. Haber podido ejercer la medicina me ayuda a entender mejor el significado profundo de este nuevo servicio a los demás”.
Entre los asiáticos se encuentra el filipino Alfred Cruz, de 31 años, ex alumno de los Maristas y de la Universidad de Filipinas. Antes de comenzar sus estudios de preparación para el sacerdocio, trabajó como arquitecto en un estudio llamado “Asian Architects”, y dirigió la labor social del Kapuluan Study Center en Quezon City, llevada a cabo por universitarios: atención de pobres y enfermos, catequesis para niños desfavorecidos, campos de trabajo, etc.
Uno de los seis nuevos sacerdotes de África es el nigeriano Elobuike Anthony Asogwa, nacido en Enugu en 1986. Estudió ingeniería eléctrica en su país y posteriormente se desplazó a Europa para estudiar filosofía y teología. Su nombre “Elobuike” significa literalmente “la fuerza del consejo”. Quizá por ello —afirma— “valoro mucho el consejo, y entiendo que parte de la labor del sacerdote es servir a los demás consolando, acompañando, aconsejando”. Es el segundo sacerdote en la familia: “Tengo un hermano que también es sacerdote diocesano. Nos ayudaremos mutuamente, nos sostendremos con la oración. En breve seremos también hermanos en el sacerdocio”.
“Llevar la alegría de Cristo a todas las personas”
Entre los sacerdotes europeos está el francés Pierre Laffon, que antes de ir a Roma para estudiar, trabajó como consultor de comunicación para varias instituciones. A Pierre le gustaría volver a Francia. Su deseo es comunicar la alegría que da la fe: “La misión del sacerdote es llevar a todos la alegría de Cristo. Como dice el Papa Francisco, no podemos tener cara de funeral. Esa alegría la tendré si soy fiel a la misión que el Señor ha escogido para mí”.
«DEJAR LA CARRERA DE ABOGADO PARA SER SACERDOTE PUEDE SORPRENDER, PERO LO HE PENSADO BIEN»
Martijn Pouw, nacido en Maastricht (Holanda) en 1977 había trabajado antes como abogado y profesor universitario. Gran aficionado a la bicicleta, comenta el reto de ejercer su futura labor profesional en un país secularizado: “Me ilusiona poder ser un puente; ya el solo hecho de vestir de negro da pie para responder preguntas sobre Dios, el sentido de la vida o la felicidad humana”. Martijn afirma que “dejar la carrera de abogado para ser sacerdote puede sorprender, pero lo he pensado bien, rezado en mi oración y hablado mucho con Dios. El abogado defiende los intereses temporales de su cliente, mientras que el sacerdote se ocupa del interés eterno de la gente, hay una cierta continuidad”.
Otro de los europeos es el farmacéutico andaluz Francisco Javier Fernández Centeno, que dejó la bata blanca que usaba en su farmacia sevillana para estudiar teología en Roma. Gran aficionado a los pájaros (“en casa teníamos palomos, canarios, mochuelos, aguiluchos, cenizos alcaravanes, carracas, tórtolas y otras especies”, comenta) estudió bachillerato en el instituto público San Fulgencio de Écija y, tras los estudios universitarios, trabajó 20 años atendiendo a los clientes de la farmacia y fue unos de los socios fundadores de la Asociación española de Farmacia Social.